El quinto aniversario del Patriarcado Católico Bizantino

El 5 de abril de 2011, el Sínodo de los Obispos de la IGCOU se reunió en Zhovkva, Ucrania, y estableció el Patriarcado Católico Bizantino. Se convirtió en una estructura religiosa independiente que ejerce el ministerio profético en asuntos de la fe y moral, tanto para las Iglesias orientales como para occidentales. Arzobispo Elías OSBMr fue elegido Patriarca, obispo Metodio OSBMr y obispo Timoteo OSBMr fueron nombrados obispos secretarios.

Antes del establecimiento del Patriarcado, el Sínodo de los Obispos de la IGCOU escribió casi 20 llamamientos al Papa Benedicto XVI, solicitándole que no beatifique a Juan Pablo II ya que este gesto de facto aprobaría su dirección apóstata en la Iglesia y abriría la puerta al sincretismo con el paganismo. Especialmente su gesto apóstata en Asís se convirtió en un programa de propagar la infección espiritual de neopaganismo dentro de la Iglesia. Además, Juan Pablo II es responsable por su consentimiento tácito a las herejías de neomodernismo que socavaron los cimientos no sólo de la Iglesia católica, sino del cristianismo en general.

¡La lucha por las almas!

¡No discutamos sino testifiquemos! Repitamos la verdad: esto es esto. Puedo empezar una discusión, pero si veo que la persona con la que hablo rechaza la verdad, tengo que decirle claramente: “Esta es la verdad y te concierne personalmente. O crees o no. La realidad es que vas a morir y si te gusta o no, comparecerás ante el tribunal de Dios y entonces irás al cielo o al infierno. Quiero decirte una cosa: si quieres ser salvo, debes dar tus pecados a Jesús; debes confesarlos y arrodillarse ante Él, recibirle como tu Salvador, recibir Su Evangelio y Su camino. El que persevere hasta el fin, éste será salvo. ¡Y nadie será salvo sin fe! ¡No sin filosofía, pero sin fe!”

¡Escucha, Israel! ¡Amarás a Dios! (Dt 6, 4-5)

Amar a Dios significa perder mi alma por Su causa. No hay otro camino. Perdiendo mi alma y sus poderes espirituales, que están infectadas por el pecado original, lo salvaré para la vida eterna.

Hoy en día, el diablo utiliza un sistema de mentiras y varias promesas para hacer a las personas amar a sus almas de una manera incorrecta y, por último, para que ellos mismos se entreguen por completo a él y perecezcan para siempre. Él promete dinero, la carrera, los placeres, pero todo esto es un engaño. No hay salvación en ningún otro sino Jesucristo (veáse Hch 4, 12). Él me ama, Él murió por mí en la cruz. Él perdió su vida por mí y yo he de perder mi alma por Él: entregarme totalmente a Él para salvar mi alma.

Pronuncie el santo nombre “Yehoshúa” en silencio y dése cuenta de la presencia de Dios —toda la Santísima Trinidad— en usted. Alargue la vocal “a” por el aliento y dése cuenta de que en este momento usted conscientemente ama a Dios y pierde su alma por Su causa.

La unidad en una comunidad

¿Qué es necesario para que nosotros los cristianos vivamos una vida verdadera? ¿Cómo podemos lograr la unidad entre nosotros? Este es lo más necesario y, al mismo tiempo, lo más difícil. A menudo no es posible hablar acerca de los problemas de los demás en la comunidad o apuntar a la raíz: “Mira, tienes tal defecto, tienes que hacer algo al respecto. Te aferras a esta cosa y la actitud, y te prives de un 90 por ciento de la bendición y todas las gracias que Dios te ha dado.” Si dice esto a alguien, el viejo hombre (es decir, nuestra naturaleza corrupta) reacciona ofendiéndose y huyendo tanto de la comunidad como de Cristo. ¿Qué es eso? El problema es, también, que estamos generalmente bajo la presión, expuestos a una lucha espiritual, y así no es posible decir a un hermano sobre sus fallos, porque no tendría la fuerza para seguir luchando.

Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3, 5-6)

Tenemos una gran variedad de vicios y autocompasiones que nos mantienen en la esclavitud. Podemos hablar de la resurrección espiritual si dejamos que Dios nos sane. La condición previa es permanecer en la verdad y estar dispuesto a ver y admitir nuestras faltas. No debemos ofendernos. Digamos: “Sí, es cierto. Este es mi debilidad”. No debemos caer en la depresión, pero decirnos a nosotros mismos: “Tengo que luchar contra esto. Sí, voy a fracasar una y otra vez, pero pediré a Dios la luz y fuerza. Le daré todos los problemas que tengo: Señor, yo soy débil en este asunto, me caigo una y otra vez, estoy superado por esta esclavitud, soy un esclavo.

La esencia del cristianismo

Tenemos que llegar a la raíz del cristianismo. La esencia del cristianismo es la comunión con Jesús, Jesús crucificado y resucitado. Esto no debe ser sólo una frase vacía. Tenemos que vivir una vida de arrepentimiento y verdadero seguimiento de Cristo en una pequeña iglesia doméstica, en una célula sana de una comunidad bíblica de oración bajo la dirección de la voz profética de un pastor o maestro. Además, debemos estar preparados para la persecución. Se está librando la lucha con el espíritu del anticristo y la Iglesia está siendo destruida poco a poco. Es nuestro deber de hacer frente a todo este sistema. Este sistema procurará atacarnos y destruirnos. Sin embargo, Dios tiene sus planes, y si permanecemos fieles a Él, aun a costa de nuestra vida, Dios dará una gran bendición.

La victoria sobre el pecado

Si juzga a sí mismo ―es decir, si admite su pecado verdaderamente delante de Dios aquí en el tiempo― puede gustar el perdón en esta luz. La Palabra de Dios dice: Si nos juzgamos a nosotros mismos, Dios es tan bueno y justo para perdonar nuestros pecados”.

La gente no es capaz vencer el pecado ni por medio de la psicología, ni por las teologías modernas, ni por los meditaciones orientales… La victoria depende de nuestra profunda comunión con Cristo. Lo esencial es estar en Cristo Jesús ―nuestro Señor― por la fe. Esto significa que en el momento presente particular estoy en Él no sólo de forma pasiva, pero en ese momento yo Le amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.

¿Por qué puede confiar en Dios?

Salmo 32, 8: Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar. Te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.

Dios prometió que nos haría entender y nos enseñaría el camino en que debemos andar. ¡Cuánto lo necesitamos, por que el mundo de hoy está lleno del mal y de trampas preparadas para nosotros! Y Dios dice: Te aconsejaré. ¡Esto es lo que tanto necesitamos también! Con mis ojos puestos en ti, dice Dios, Él me ve.

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Palabra de la vida

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe.”

Ef 2, 8-9 (desde 21-5-2017 hasta 4-6-2017)

Reflexión sobre la Palabra de Dios