¡Señor, danos Tu palabra!

El mundo entero está sufriendo una crisis de fe; somos testigos de la apostasía masiva del cristianismo. Gracias a Dios que podemos luchar por la pureza de la fe. Dios nos ha puesto en esta lucha. No estamos luchando sólo por Ucrania; Dios nos ha puesto en un campo de batalla para luchar por toda la Iglesia. Viendo cuán grande es este problema, decimos en la oración: — Oh Dios, ¿qué debemos hacer? No estamos en una posición como David contra Goliat, sino más bien como si estuviésemos con una honda contra una bomba atómica. No tenemos ninguna posibilidad. Pero confiamos en que Tú eres Todopoderoso, que vencerás en esta lucha y que llegará la resurrección espiritual. ¿Y cómo? Estamos en la oscuridad: nos enfrentamos a un problema y no vemos ninguna solución.

La situación actual es difícil. ¿Qué podemos hacer?

El diablo nos engaña y nosotros creemos esas mentiras. El espíritu del anticristo gobierna y cambia el pensamiento hasta tal punto que la gente ya no distingue el bien del mal. Nosotros literalmente respiramos este ambiente de la televisión, la música o el contacto con personas que tienen el espíritu del mundo. Por lo tanto necesitamos sacar fuerza de la oración, de una comunidad viva, de la Palabra de Dios. El diablo forma la opinión pública que no se basa en la verdad, sino más bien en una mentira, y ejerce presión sobre cada uno de nosotros. Necesitamos ser sabios y no debemos permitir que los medios de comunicación nos manipulen. Hoy los medios de comunicación están en manos de aquellos que promueven películas que conducen a la decadencia moral. Incluso el telediario manipula a la gente.

La humildad es la base de todas las virtudes

De todas las personas, la Virgen María es el modelo supremo de la humildad. El Señor Jesús, Dios y Hombre, dijo: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón”. Él dijo claramente que esto es lo que debemos aprender de Él. Él claramente lo exige de nosotros. Debemos prácticamente negarnos a nosotros mismos, aceptar nuestra cruz y seguirLe humillado, abandonado y crucificado. La humildad es la base de todas las virtudes. Lo opuesto a la humildad es el orgullo que conduce a la muerte eterna, mientras que la humildad es la clave del cielo. La humildad vence al diablo y al viejo hombre en nosotros. Diferentes formas de celos, la comparación con los demás, la competitividad incluso en la vida espiritual, la tristeza cuando alguien tiene éxito; ¡todo esto es un pecado de orgullo! Necesitamos humillarnos en pensamientos una y otra vez.

Amor verdadero a sí mismo y a sus prójimos

San Agustín dice: “Señor, quema, despedaza y no perdones en este mundo para que me perdones en el otro, que es eterno”. Señor, quiero ser un egoísta santo. Quiero amarme a mí mismo verdaderamente y no quiero estar en el Purgatorio ni un minuto. Si por medio de la vara de la disciplina pouedo evitar el Purgatorio, por favor, castígame. Pero yo amo a mis prójimos también. Ni siquiera quiero que mi enemigo vaya al infierno o al Purgatorio. Si quieres purificarlo por tu fuego a través del sufrimiento, p. ej. una enfermedad, hágase Tu voluntad. Yo amo tanto a mí mismo como a mi prójimo, y creo que el castigo que nos mandas tanto a mí como a él nos salvará. Quiero estar con él en el cielo.

Hagamos obras dignas de la eternidad

Antes de comparecer ante el tribunal de Dios, haz todo lo posible para no quedarte allí con las manos vacías. Seremos juzgados no sólo por habiendo hecho el mal. Estamos obligados a hacer el bien, a hacer obras dignas de la eternidad. Seremos juzgados por lo que estábamos obligados a hacer y no lo hicimos. Cada buena palabra, cada aliento, cada paso de fe, cada sufrimiento que aceptamos y soportamos, cada burla y toda persecución por causa de Cristo es de gran valor. Entonces, ¡vivamos por la fe! Ciertamente, no seremos justificados por nuestras buenas obras solamente, sino que somos justificados por la justicia de Cristo. En verdad, nuestra salvación está en Cristo: este es el fundamento del cristianismo, pero la cuestión es con qué edificamos sobre este fundamento: con madera y hojarasca o las obras de oro hechas en unión con Cristo.

En el cielo tendremos todo lo que el corazón humano desea

En el cielo tendremos todo lo que el corazón humano desea. Nuestro corazón desea honor, riqueza y poder. Obtendremos todo esto de una manera adecuada en el cielo. Honor, riqueza y poder. Está escrito en el primer libro de Samuel: “El Señor declara: Yo honraré a los que me honran”. ¿Podemos imaginar un honor mayor que ser honrados por Dios? Y si Dios nos honra, todos los habitantes del cielo nos honrarán también por permanecer fieles a Cristo y Su verdad y no dejarse seducir por mentiras. Todos nuestros esfuerzos en nuestro servicio a Dios serán revelados.

¿Qué hace que el cielo sea el cielo?

Lo más importante que hace que el cielo sea el cielo es que estamos en comunión con Dios que nunca terminará, o en otras palabras, participamos en la vida de Dios. Los ángeles están cerca de Dios y viven una vida perfecta. A diferencia de ellos, nosotros compartimos la vida misma de Dios porque Jesús se hizo hombre. Haciéndose hombre, injertó la vida divina en nuestra naturaleza. Nosotros que hemos recibido a Cristo tenemos la vida eterna ya en esta tierra. La esencia de la vida eterna consiste en recibir la naturaleza divina, en convertirse en coherederos del reino de Dios. Hemos sido literalmente injertados en Cristo. Tenemos el mismo Espíritu que Cristo.

¡El cielo está cerca!

El cielo está cerca, ya que yo moriré pronto. Sólo unos cuantos años más, y yo estaré ante las puertas del paraíso. Y si viviera incluso cien años más, pasarían volando. ¡Cuán poderosamente debería motivarme el pensamiento del cielo! Este pensamiento movió a tantos muchachos y muchachas a despreciar las alegrías y bienes de este mundo que pasarán, para alcanzar el cielo eterno.

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Palabra de la vida

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe.”

Ef 2, 8-9 (desde 21-5-2017 hasta 4-6-2017)

Reflexión sobre la Palabra de Dios