Jesús ganó el cielo para nosotros con su propia sangre

El Divino Salvador ganó el cielo para nosotros con Su propia sangre. Él no necesitaba adquirir el cielo para sí mismo, sino que sacrificó su vida y su sangre por nosotros para abrirnos el camino a la felicidad eterna en el cielo. Cedió todos sus derechos y requisitos a nosotros, sus hermanos más pequeños.

Teniendo en cuenta los méritos de Jesucristo, su pasión y muerte, puedo decir: El cielo pertenece a mí. Santo Bernardo utilizaba esta lógica para silenciar al diablo. Cuando en su lecho de muerte el santo estaba esperando con alegría el cielo, el espíritu maligno vino a él y le dijo: “¿Cómo puedes esperar que Dios te reciba en el cielo si sabes lo pobres que fueron tus obras?!”

La belleza de los cielos supera todo

El cielo supera toda nuestra imaginación. Imaginemos la felicidad suprema, belleza indescriptible, y sin embargo, el cielo es mucho más hermoso. La Escritura dice sobre el cielo que ojo no vio, ni oído oyó, ni el corazón del hombre ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman. ¿Qué entonces ese cielo debe ser si supera nuestra imaginación!

Imaginemos las cosas más bellas del mundo: las joyas más bellas, las más bellas obras de arte o el paisaje más hermoso; todo esto no es nada comparado con la belleza del cielo.

Imaginemos la belleza de nuestra tierra, la belleza de la creación de Dios. Imagina que estás en los Alpes viendo el amanecer o el atardecer o el magnífico paisaje glaciar.

Nuestra casa está en el cielo

El objetivo de nuestra vida es estar unidos a Dios y vivir en esta comunión por toda la eternidad. La vida eterna comienza ya aquí en la tierra donde Dios nos pone a prueba. La duración de esta prueba es diferente para cada persona. Todos vivimos en lugares diferentes y en tiempos diferentes; el número de días de cada hombre es determinado y luego nuestra peregrinación terrenal terminará. Estas pocas décadas de la vida pasarán muy rápidamente; y, además, están llenos de sufrimiento, decepción … La vida en la tierra es un trabajo duro y problemas. Dios nos da su gracia en esta vida, y si cooperamos con ella —es decir, nos negamos o humillamos a nosotros mismos un poco, llevamos con paciencia nuestra cruz, nuestro sufrimiento físico o mental— nuestro corazón se llena de alegría que el Señor nos da.

El sentido de la vida y el sufrimiento

Recordemos siempre las palabras de Jesús que nos dice que no sabemos ni el día ni la hora en que el Señor nos llamará. La verdadera sabiduría es ser consciente de la muerte, el juicio, la eternidad y el sentido de nuestra vida y sufrimiento, que puede ser físico o espiritual. En primer lugar, Jesús quiere que nos neguemos nuestro ser, nuestro orgullo, la mentira o nuestro punto de vista y aceptemos el punto de vista de Dios. Y si podemos sufrir por causa de Cristo, si estamos humillados, ridiculizados o incluso si la gente nos escupe en la cara, debemos alegrarnos. En la octava bienaventuranza leemos: “Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persigan, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos” (Mt 5, 11-12). Pero a menudo nos sentimos deprimidos o somos inmersos en nuestros pensamientos o monólogo interior. Cuando surge un problema, lo primero es: ¿Dónde está Jesús?

¡Estáte preparado!

Jesús dice: “Estad preparados, porque no sabéis ni el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. Esta es la mayor sabiduría: estar preparado para la muerte. En efecto, no sabemos si algo malo va a pasar; podemos desarrollar cáncer o tener un accidente de coche y partir a la eternidad. No sabemos ni el día ni la hora. No sabemos cuándo nos encontraremos con nuestro Señor cara a cara. Pero debemos ser conscientes de ello. Sabemos que ese día vendrá. No debemos retrasar nuestra conversión. Debemos empezar hoy, como dice la Palabra de Dios: “Si oís hoy Su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Retrasar el arrepentimiento hasta la muerte es una tontería. Ciertamente, ha habido algunas personas que se convirtieron en la hora de la muerte, pero esto es una excepción. ¡Confiar en esto es un riesgo! ¡Perder la vida eterna es algo terrible!

Los cristianos dicen que creen que un día comparecerán ante el tribunal de Dios, pero viven como si el juicio, el cielo y el infierno fuera un simple mito.

Cómo buscar el reino de Dios y su justicia en la práctica

¡Pruébalo! ¡Prueba si funciona! Pruébalo esta semana. Intenta buscar primeramente el reino de Dios. Intenta poner tu confianza en Dios, sabiendo que Él cuidará de ti así como Él cuida de las aves o los lirios (cf. Mt 6, 25-30). Intenta no servir a dos señores, sino servir a Dios. Pruébalo todo y verás que Él es realmente un Dios viviente que se preocupa por tu vida. Él te dará la luz qué hacer. Jesús está vivo. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Él está con ti. ¿Tienes problemas? Dáselos a Jesús. “Señor, este es mi problema. Te lo doy a Ti”. Pero dáselo a Él con fe. No le pidas sin creer que Él te escuchará. Dale tus problemas y pon absoluta confianza en Él. Él va a resolverlos y hacer milagros, porque Él es todopoderoso y Él te ama. Él está siempre con ti. Pero una cosa es necesaria: tú debes estar con Él también. Busca primeramente el reino de Dios, y Él va a resolver todos los problemas en tu vida.

Busquemos primeramente el reino de Dios

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mt 6, 33)

Búsqueda es un proceso doloroso. Si has perdido, por ejemplo, tus documentos de identidad o el dinero, los buscas ansiosamente porque los necesitas. Y cuando los hayas encontrado, te alegras. Busquemos primeramente el reino de Dios. Debemos buscarlo ansiosamente hasta que lo encontramos…

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Palabra de la vida

“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “Abba, Padre”. Así que ya no eres más esclavo, sino hijo; y si hijo, también eres heredero por medio de Dios.”

Ga 4, 6-7 (desde 23-4-2017 hasta 7-5-2017)

Reflexión sobre la Palabra de Dios