Modernismo y eutanasia eclesiástica. 2ª Parte (+ vídeo)

22 de febrero de 2017

A principios del siglo XVIII, se fundó una sociedad semisecreta de los francmasones. Se trata de una mezcla de gnosticismo y ocultismo. El objetivo de los masones es destruir el cristianismo y establecer la adoración de satanás por medio de la implantación de la supremacía global. Si un católico se ha afiliado a una logia, es automáticamente excomulgado de la Iglesia y ya no es un cristiano!

En el siglo XVIII, bajo la influencia de los masones surgió un movimiento llamado la Ilustración. Tenía un impacto no sólo en los asuntos mundanos, sino también en la Iglesia. La Ilustración tenía su continuación en el Modernismo decimonónico. El modernismo procuraba conformar las verdades de la fe al mundo —así llamado aggiornamento—. Eso realmente significaba la eliminación de las verdades esenciales del cristianismo: la eutanasia espiritual.

San Pío X publicó la encíclica Pascendi Dominici Gregis (1907) e impuso el Juramento Antimodernista. Algunos de los obispos, sacerdotes y teólogos que eran modernistas conscientemente rechazaron esas medidas. Los masones explotaron a los prelados, sacerdotes y teólogos modernistas y liberales. Se unieron con ellos en la lucha por un cambio de pensamiento (antimetanoia) en la Iglesia. El pensamiento modernista (liberal) es básicamente el pensamiento de los masones. Ambos proclaman que el cristianismo y los cultos paganos son caminos igualmente válidos a la salvación, que no hay diferencia entre el verdadero Dios y los ídolos —los demonios del hinduismo y el budismo o el pseudo dios del Islam—, y que las verdades de la fe, así como la Iglesia deben ser conformados al mundo, es decir, al pensamiento secular (aggiornamento). Los modernistas fueron y son clérigos inconversos que no luchan con su propio orgullo y codicia y no siguen a Cristo. ¡No creen en Dios, y por lo tanto se avergüenzan de las verdades de la fe! Su falta de fe es su motivación para conformar la doctrina de la Iglesia a los nuevos así llamados enfoques académicos. Esto significa que han excluido de las Escrituras todos los milagros y han convertido a la Iglesia en una especie de organización humanista.

Después de la muerte de Pío X, el primer éxito de los masones fue la instalación del Papa Benedicto XV (Giacomo della Chiesa, 1914-1923). Como joven sacerdote se convirtió en un protegido del cardenal Rampolla, Secretario de Estado, que era conocido por promover las ideas masónicas y el modernismo. Por eso Pío X lo había apartado de su cargo del Secretario de Estado. Durante su papado, Chiesa permitió de nuevo el desarrollo del Modernismo en la Iglesia. Inmediatamente anuló las sanciones impuestas a los modernistas y designó a los obispos, teólogos y sacerdotes de espíritus afines para los puestos claves. Los sucesores de Benedicto fueron el Papa Pío XI (1923-1939) y Pío XII (1939-1958). Este último se vio comprometido debido a que su actitud hacia el fascismo durante la guerra no estaba del todo correcta. Los masones, que ya tenían a su gente en el Vaticano, lo chantajearon. Bajo su presión se vio obligado a hacer concesiones y preparar el terreno para Roncalli, el futuro Papa Juan XXIII.

Roncalli fue condenado por el Modernismo en 1911. Su colega, profesor de derecho canónico, declaró que cuando Roncalli era profesor en el seminario de Bérgamo, difundió herejías contenidas en el libro Historia antigua de la Iglesia de L. Duchesne. En 1914, murió Pío X y comenzó la Primera Guerra Mundial. Al poder llegó Benedicto XV quien era uña y carne con Roncalli contra la reforma de Pío X. Si Benedicto había ayudado a Roncalli a hacer una carrera desde el principio, se habría comprometido a sí mismo. Roncalli primero necesitaba reparar su reputación de hereje y cultivar una imagen de santo. Por lo tanto, él entró en el ejército, donde comenzó como sanitario ordinario y luego pasó a ser capellán castrense. Después de la guerra, cuando había una nueva atmósfera, Benedicto XV nombró a Roncalli presidente del Consejo central de la Obra pontificia de la propagación de la fe. También fue nombrado profesor asociado y profesor de patrología en el seminario romano. En 1925, Pío XI envió al profesor asociado Roncalli a Bulgaria como visitador apostólico y luego a Turquía para salvar a los estudiantes de las herejías. En 1944, sin embargo, Pío XII nombró a Roncalli nuncio apostólico trasladándole a París, que fue un choque para muchos. Incluso masón Édouard Herriot, alcalde de Lyon y presidente de la Asamblea Nacional francesa, prodigó elogios entusiastas al nuncio pontificio Roncalli. Roncalli estaba entre los suyos allí, cuyo objetivo era apoderarse del papado y abusarlo para destruir a la Iglesia lo más eficazmente posible.

Desde 1952, Roncalli fue observador en la UNESCO, luego fue designado patriarca de Venecia. En 1958, gracias a aquellos con los que él tenía unidad de espíritu, fue elegido Papa. Antes del cónclave a nadie se le ocurrió que Roncalli pudiera ser elegido, pero él mismo admitió algún tiempo después que había estado seguro de que saldría del cónclave como Papa. Su actitud rencorosa hacia San Pío X y la ortodoxia se reflejó también en el hecho de que por su deseo los restos mortales de Pío X fueron trasladados de la Basílica de San Pedro a Venecia. Sin embargo, bajo presión pública tuvo que devolverlos.

Roncalli acariciaba la idea de una transformación modernista de la Iglesia ya en el tiempo cuando fue denunciado y acusado públicamente del modernismo. Fue él quien transfirió secretamente la Iglesia de la era de la fe en Cristo a la era del reinado del Anticristo. ¡Ese fue el cambio más profundo que la Iglesia había experimentado desde su inicio! El 25 de enero de 1959, tres meses después de su elección, Juan XXIII anunció su intención de convocar un concilio. Allí abrió la puerta a los modernistas y les dio plenos poderes. Juan XXIII usó el Concilio para cumplir su antiguo deseo de establecer la herejía modernista —aggiornamento— como un antievangelio (Gal 1, 8-9) en toda la Iglesia. Su sucesor Pablo VI (Montini) continuó en esta línea; Roncalli había allanado su camino hacia el papado.

En el Vaticano II, Juan XXIII nombró un llamado presidium de trabajo compuesto en su mayoría por los modernistas. Ellos promovieron astutamente tanto su agenda como agenda de Juan XXIII. En la discusión participaron activamente solamente cerca de 200 obispos de 2.200. El resto fue pasivo y dejó el campo libre a los liberales para expresar sus posturas. Pero cuando, por ejemplo, el ortodoxo Cardenal Ottaviani presentó un proyecto de documento llamado De las fuentes de la Revelación, Juan XXIII intervino inmediatamente y rechazó la propuesta.

El término “aggiornamento” es ambiguo. Fue una manipulación. Se pretendía dar la impresión de esfuerzo para crear las condiciones en la Iglesia para proclamar las verdades fundamentales de la fe al mundo en lenguaje contemporáneo. En realidad, era un esfuerzo para conformar las verdades fundamentales de la fe al pensamiento del mundo, negando así la esencia del cristianismo.

Ejemplo de una declaración herética de Juan XXIII en el Concilio: “La doctrina católica debe concebirse como un conjunto de valores positivos y, por lo tanto, es necesario abandonar condenar de cualquier manera a los que se han extraviado”.

Comentario: La formulación imprecisa y vaga “un conjunto de valores positivos” permite eliminar las verdades de la fe reveladas por Dios. Entonces ya no se puede hablar de la distinción entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad. El fruto de esta herejía de Juan XXIII fue el documento herético “Nostra Aetate” (1965), Babilonia en Asís (1986) y la esquizofrenia de género en el mundo. Hoy en día se ha llegado tan lejos que las verdades objetivas, así como la existencia de valores positivos son oficialmente negados! Este es el fruto del aggiornamento, es decir, del Modernismo en la Iglesia y en el mundo.

En el funeral del Papa Juan XXIII un obispo dijo: “Ahora la Iglesia tiene dos antipapas llamados Juan XXIII”.

En 1963, fue elegido un nuevo Papa – Pablo VI. Los masones sabían que estaba moralmente comprometido y, por lo tanto, podían chantajearle fácilmente.

Pablo VI firmó documentos del Vaticano II que contenían herejías manifiestas, especialmente el decreto Nostra Aetate. Este decreto socavó las verdades fundamentales de la fe y la esencia del cristianismo. La adoración de los demonios se ha colocado al mismo nivel que la adoración del Dios verdadero. Cualquier forma de misión fue destruida, y el cristianismo y los cultos paganos comenzaron a tratarse como igualmente válidos en cuanto a la salvación. El decreto fue promovido por cardenal König que era un conocido partidario del modernismo y las ideas masónicas. Los modernistas escogieron a su hombre para el papado, por lo que estaban seguros de que sus documentos serían promovidos y que el Papa les firmaría finalmente. El papado fue abusado para asestar un golpe mortal a la Iglesia católica.

Por lo tanto, es evidente que Juan XXIII y Pablo VI no eran papas válidos. Eran herejes antes de la elección y establecieron herejías a lo largo de su llamado papado. ¡Cooperaron a sabiendas en la destrucción de la Iglesia! Por lo tanto, ¡el Vaticano II también fue y es inválido, y estos Papas, siendo herejes, deben ser excomulgados póstumamente de la Iglesia! Cometían un crimen mucho mayor que el del Papa Honorio quien fue excomulgado póstumamente de la Iglesia.

Si la Iglesia reconoce la primacía e infalibilidad del Papa, no hay otra solución que reconocer la validez de la bula de Pablo IV “Cum ex apostolatus officio”, que dice que si alguien es un hereje antes o después de su elección como Papa, ¡su elección es nula y sin valor, es excomulgado de la Iglesia y sus acciones y disposiciones son sin fuerza! De lo contrario se niega la primacía papal y la infalibilidad.

Juan Pablo II (1978-2005) implementó la herejía de Nostra Aetate promoviendo el llamado espíritu de Asís (1986). Él es responsable de la propagación de la herejía neomodernista (es decir, del llamado método histórico-crítico) a todos los seminarios y escuelas. Además, es responsable de los escándalos pedófilos y de la abolición de la excomunión de los masones.

Benedicto XVI (2005-2013) abusó de su autoridad papal beatificando a un hereje, Juan Pablo II, canonizando así sus herejías. Este acto es sin fuerza, Benedicto XVI trajo el anatema sobre sí mismo (Ga 1, 8-9) y perdió su autoridad papal. Si decimos que siguió siendo papa y su gesto era infalible, ¡entonces se niega toda la esencia del cristianismo!

Francisco I (2013): Su misma elección fue nula y sin valor; había sido un hereje cuando todavía era obispo. Durante su pontificado inválido, ha comenzado a abusar de su cargo. Cuatro cardenales se han opuesto a su exhortación en la que negó la existencia misma de normas morales universalmente válidas. El hecho de que Francisco es un Papa inválido es confirmado tanto por las Escrituras (Gál 1, 8-9) como por la bula dogmática de Pablo IV.

Teóricamente, hay dos opciones: ya sea aceptar que puede suceder que el cargo del Papa sea ocupado por un hereje o aceptar herejías como verdades de la fe contrariamente a toda la Tradición de la Iglesia y las enseñanzas de las Escrituras. Los masones y los modernistas saben que los católicos prefieren aceptar las herejías como doctrina católica que aceptar que el Papa puede ser un hereje.

Por lo tanto, los masones y los enemigos de la verdad, cuyo objetivo es el genocidio de la humanidad, pueden utilizar la Iglesia católica como la herramienta más eficaz para satanizar a las naciones! La única solución es el verdadero arrepentimiento, es decir, admitir la complicidad en esta situación. ¡Entonces es necesario que aquellos que han renunciado al sistema herético elijan un nuevo Papa ortodoxo de entre los cardenales o obispos y excomulguen el hereje contemporáneo! ¡De otra manera los masones llevarán a los católicos hacia su autodestrucción completa!

 

+ Elías

Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino

+ Metodio OSBMr                   + Timoteo OSBMr

Obispos Secretarios

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2 Co 5, 14-15 (desde 26-3-2017 hasta 9-4-2017)

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